Hoy me siento en la necesidad de parafrasear al gran Gabriel García Márquez, me encuentro invadida por la rabia, la decepción y la impotencia y por qué no? Por una profunda amargura. Había sido invitada oficialmente- por una plática previa y por una carta oficial que llegó a mi mail a ser jurado de un Festival Internacional de Cine Español a celebrarse en octubre próximo del presente año. Y ¡Oh sorpresa! literalmente fui des invitada, debido, me argumentaron a la presión de una Institución mexicana que impuso en mi lugar- a otro jurado, una documentalista, so pretexto que debía de proyectarse su trabajo fílmico dentro de la retrospectiva de Cine Mexicano a realizarse en dicho evento fílmico.
Si bien considero que es trascendental e importante el contenido de dicho documental, su formato es en exceso poco original y televisivo.
Me duele esta des invitación. No se vale ilusionar a quien esto escribe, si la promesa se la llevará el viento y será ceniza dispersa entre los intereses creados.
Me siento copartícipe de un juego sucio, nulificada en mis saberes- que tanto trabajo me ha costado adquirir y ninguneada como ser humano, expectante, que aún cree en el género humano.
Es justo y necesario hacer saber mi indignación, no me puedo ni debo quedar callada ante quiénes ejercen el poder de una manera tan arbitraria.
A lo mejor, no lo niego, estoy en exceso exacerbada; pero si es válido alzar la voz ante lo injusto.
Des invitar es un acto poco ético, un poner al otro en una posición de inútil, de artefacto inservible.
Y hoy me pregunto: ¿Valdrá la pena seguir siendo tan apasionada por y para el cine?
Para mí, fue un inesperado golpe bajo... las fuerzas se merman. Y reflexiono, no sólo nuestro mundo se encuentra en una severa crisis económica, también los valores humanos andan bamboleantes.
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Si bien considero que es trascendental e importante el contenido de dicho documental, su formato es en exceso poco original y televisivo.
Me duele esta des invitación. No se vale ilusionar a quien esto escribe, si la promesa se la llevará el viento y será ceniza dispersa entre los intereses creados.
Me siento copartícipe de un juego sucio, nulificada en mis saberes- que tanto trabajo me ha costado adquirir y ninguneada como ser humano, expectante, que aún cree en el género humano.
Es justo y necesario hacer saber mi indignación, no me puedo ni debo quedar callada ante quiénes ejercen el poder de una manera tan arbitraria.
A lo mejor, no lo niego, estoy en exceso exacerbada; pero si es válido alzar la voz ante lo injusto.
Des invitar es un acto poco ético, un poner al otro en una posición de inútil, de artefacto inservible.
Y hoy me pregunto: ¿Valdrá la pena seguir siendo tan apasionada por y para el cine?
Para mí, fue un inesperado golpe bajo... las fuerzas se merman. Y reflexiono, no sólo nuestro mundo se encuentra en una severa crisis económica, también los valores humanos andan bamboleantes.

